Me encontraba hace un rato tirado en el sillón viendo diversos anuncios de teletienda, y a la vez estaba haciendo zapping para ver una serie sobre lesbianas, llamada "L", que ponían en otro canal. La primera vez que he puesto la serie estaban en pantalla dos lesbianas en bragas y en posición fetal, una de ellas amagando con introducir sus dedos en lo que parecía ser la vagina de su alegre compañera. Bien, he vuelto a poner la teletienda, que seguía con un anuncio de sartenes, pero después de diez minutos, como ya conozco las magníficas cualidades anti-adherentes del producto, he cambiado otra vez a la serie de lesbianas. Curiosamente, qué casualidad, una mujer estaba enseñando sus pezones a otra joven, que parecía novata en el asunto. Ésta, ante la sorpresa de encontrarse frente a frente con dos brevazas, ha decidido quitarse también la camiseta y darse al bonito ejercicio de las artes amatorias bollers.
Como la imagen me resultaba muy poco erótica, he ido al baño a hacer unas gestiones y me he puesto a escribir.
Según mi experiencia empírica viendo esta serie, y teniendo en cuenta que todo lo que ponen en la tele es verdadero, he llegado a la conclusión de que las lesbianas pasan prácticamente el 100% de su tiempo dándose placer las unas a las otras, como si fuesen pequeñas jabatillas retozonas.
Eso, o la serie busca audiencia explotando al máximo el mayor atractivo de la temática lesbiana: los culos, la baba y las tetas.
De todas formas, lo que quería contar no tiene nada que ver con todo esto, al menos por ahora. Se trata de algo que me está sucediendo últimamente, unos extraños acontecimientos que me tienen desconcertado. Desde hace aproximadamente un mes, estoy manteniendo una relación casi amistosa con una chica bastante simpática, pero hay un problemilla: no tengo ni puta idea de quién es.
Todo empezó un día en el que yo iba de camino a mi casa, escuchando música tranquilamente. Se me acercó una muchacha con cara sonriente, y al cabo de un rato me dio la impresión de que me estaba diciendo algo, pero disimulé un poco porque no me apetecía quitarme los auriculares para escuchar alguna chorrada, o lo que es peor, para hablar. Sin embargo, ante su insistencia, la saludé y sorprendentemente me llamó por mi nombre y me preguntó qué tal me iba todo. En ese momento fui consciente de la embarazosa situación en la que estaba metido: ella me conoce a mí, y yo no sé quién es ella.
A partir de ahí, me la he encontrado varias veces más, y hasta ahora he ido sorteando hábilmente las conversaciones, siendo muy impreciso en mis respuestas y muy abstracto en mis comentarios. La semana pasada se me ocurrió la maldita idea de intentar preguntar yo algo, con penosas consecuencias: "Bueno, y tú qué tal el trabajo… ermm… digo, en clase… quiero decir… (en eso a lo que yo debería saber que te dedicas…)"
Lógicamente, al ir hablando más es complicado seguir siendo vago en las descripciones y parco en las preguntas, y un par de veces ella me ha dicho:
-Si eso ya te lo conté, ¿no te acuerdas?
-Aaah, sí sí, es verdad, perdona… ummm… ya me acuerdo, ya… cómo olvidarlo…
¡¡¿Cómo coño quieres que me acuerde, si no sé de qué te conozco?!! He pensado mucho en qué momento he podido tratar con ella anteriormente, pero no doy con la solución. Estoy seguro de que no la he conocido bajo los efectos de las drogas o el alcohol, y tampoco he tenido ningún episodio reciente de pérdida de memoria, ni he sido abducido por ninguna raza extraterrestre, al menos no en los últimos dos años. Para más complicación, tengo que decir que la chica es maja y hasta guapa, con lo cual no puede cumplir la Ley Del Olvido Inmediato Para Fetos Malayos.
No se me ocurren otras posibilidades que no pudiera recordar, salvo quizá que nos hayan presentado con prisa en algún sitio hace tiempo, con lo cual yo ni me habría fijado mientras que ella recuerda todo perfectamente.
Aunque también están las OTRAS posibilidades, que son las mejores y probablemente entre ellas esté la acertada:
-1. Es una agente de la KGB que pretende reclutarme para imponer la dictadura del proletariado en el mundo.
-2. Es una agente de la CIA que pretende reclutarme para matar a Fidel Castro y a Chiquetete.
-3. Es una agente del MI6 que pretende reclutarme para investigar por qué en las Islas Sorlingas hay tantas Tias Bolingas.
-4. Es una agente del Mossad que pretende reclutarme para crear un nuevo Estado Israelí en Tomelloso.
-5. Es una maníaca sexual que pretende matarme a polvos.
-6. Es Emilio Butragueño disfrazado, que pretende ficharme para el Real Madrid.
-7. Es el presidente chinorris de Corea del Norte, que pretende contarme qué va a hacer con todos los misilacos nucleares que está almacenando en la despensa de su casa.
-8. Es un androide cibernético que pretende involucrarme en una alocada aventura futurista.
Ojalá sea la 5 o la 7.
En fin, el mayor problema de todo esto es que según pase más tiempo, cada vez me será más complicado comentar el espinoso asunto de que no sé quién es, y ni siquiera me he atrevido a preguntarle cómo se llama. Es decir, me veo dentro de cinco años presentándosela a un amigo:
"Mira, Fernando, esta es mi esposa… eeh… mi amor, ves diciéndole cómo te llamas y eso, que voy un momento a miccionar al inodoro".
O aún peor, en la Nochevieja de 2017 cenando con ella y sus padres, acompañados de nuestros hijos, y dando unos toquecitos con la cuchara en la copa de champagne para decir: "Cariño, en este momento tan especial quiero expresarte mi gratitud por tu amor durante tantos años, pero… emm… ¿quién coño eres?; es más, ¿por qué está tu padre sentado en mis rodillas?"
Para acabar, me voy a dirigir directamente a esta persona misteriosa y desconocida.
Misteriosa y desconocida persona: si además de saber quién soy por extraños motivos, también estás leyendo esto desde la caverna en que preparas tu trama malvada, te confirmo que no sé quién eres, y te pido que dejes de atormentarme con tu amena conversación, hasta que me aclares tu procedencia.